Saludo al Primer Cabildo Nacional Viviendista de la Central Nacional PROVIVIENDA


(Documento realizado para el Primer Cabildo Nacional Viviendista, realizado los días 26 y 27 de octubre de 2012 en la ciudad de Bogotá)

SALUDO AL PRIMER CABILDO NACIONAL VIVIENDISTA DE LA CENTRAL NACIONAL PROVIVIENDA


BOGOTÁ


26 DE OCTUBRE DE 2012

El eje de Vivienda y Servicios públicos del sector cívico-popular del COPAD Marcha Patriótica Bogota saluda calurosa y fraternalmente a las y los asistentes al Primer Cabildo Nacional Viviendista de la Central Nacional Provivienda en la ciudad de Bogotá con la firme intención de seguir fortaleciendo caminos de unidad en el objetivo común de una Colombia en paz con justicia social.

En buena hora se suceden espacios que como este cabildo nacional buscan aglutinar distintas expresiones de la sociedad alrededor de la lucha por los derechos fundamentales, entre ellos el acceso a una vivienda digna. Vivimos un acelerado ascenso de la lucha social que tiene al movimiento popular colombiano como su principal protagonista, en el hemos coincidido en discusiones, movilizaciones, encuentros  y múltiples expresiones populares buscando y construyendo alternativas desde abajo, a los graves y agudos problemas que sufre el país. Hace un mes precisamente,  se llevo a cabo el Primer Encuentro Patriótico Distrital de Vivienda y Servicios Públicos en la ciudad de Bogotá, allí nos encontramos más de 12 organizaciones sociales que trabajan temas relacionados con problemáticas territoriales, la vivienda y los servicios públicos en el distrito: hombres y mujeres del común, victimas de estafas hipotecarias, inquilinos, desplazados, destechados y destechadas convencidos de que solo mediante la organización y la movilización popular lograremos que el derecho a una vivienda digna sea una realidad y una meta en nuestro camino por la paz con justicia social.

En aquella ocasión nos reunimos con el propósito de establecer las principales tareas políticas que le demanda la realidad del país al sector viviendista en particular, y a todo el pueblo colombiano en general. En consecuencia, expresamos y discutimos algunas reflexiones y propuestas derivadas de nuestra práctica política, Practica que mantiene un claro objetivo de generar la más amplia unidad de acción entre las distintas expresiones verdaderamente democráticas en el país.

A PROPOSITO DEL MOMENTO QUE VIVIMOS…
En la coyuntura que representa el inicio de un nuevo diálogo de paz entre la insurgencia y el actual gobierno nacional a través del “Acuerdo general para la solución del conflicto”, resulta indispensable que formemos parte de este proceso de paz recobrando nuestro papel político, al tiempo que demostremos que “la llave de la paz la tiene el pueblo”.

Ciertamente, nuestra cotidianidad de pueblo históricamente explotado, nos hace controvertir la idea expuesta en múltiples ocasiones por el primer mandatario, quien ve en la paz  una condición necesaria para el crecimiento y el desarrollo económico del país; el “crecimiento” y el “desarrollo” al que se refiere el presidente nos toca concretamente cuando un día, sacrificando incluso la comida de nuestra familia aportamos la cuota mensual de un humillante crédito hipotecario y luego de haber pagado hasta siete o quince veces el préstamo, por el apetito de ganancia del sistema financiero, la corrupción en los juzgados, y los aparatos de poder al servicio de unos cuantos nos vemos en la calle perdiendo el soporte de nuestra vida social y familiar: la vivienda. El “desarrollo” buscado con ansia por los detentadores del poder está presente también cuándo por la ilusión de conseguir una vivienda propia, con sacrificio ahorramos en algún fondo, y luego de varios años y de adquirir un préstamo hipotecario estrenamos una casa en los extramuros de la ciudad, donde no cabe ni la mitad de nuestra familia, “metemos la cabeza en una murienda”. Pasado un tiempo, despertamos del nuestro de tener una vivienda digna debiéndole una fortuna al banco, con la zozobra de la inestabilidad laboral, en condiciones de precariedad inhumanas, sin derechos, totalmente humillados y excluidos. ¿Cómo sentirnos, entonces, identificados con una paz que no solo se niega a repensar el modelo económico y político en el país sino que busca profundizar un desarrollo ajeno a las verdaderas necesidades del pueblo?

La realidad actual del país exige de los sectores populares organizados la mayor claridad en la comprensión de la las políticas y medidas que se adelantan desde las instituciones del estado. particular atención debemos poner en el programa de las llamadas “100.000 viviendas gratis”, clara muestra del populismo y la manipulación de las necesidades del pueblo con fines electorales; Este programa no representa un cambio en el modelo de producción y adquisición de la vivienda, está lejos de significar un avance representativo teniendo en cuenta la magnitud del déficit y su tendencia creciente, lo que si representa es el negocio redondo para el sector de la construcción y para el sector financiero, eternos e “infaltables” intermediarios de este derecho convertido en mercancía.

Hoy más que nunca sigue siendo necesario confrontar este modelo, que por décadas ha impedido que millones de familias colombianas accedan a una vivienda digna, y que ha generado un déficit cuantitativo que podría alcanzar las 2 millones de unidades, además del millón y medio en déficit cualitativo, miles de familias son empujadas a ocupar terrenos de forma “ilegal”, muchas veces no aptos para el hábitat humano exponiendo con esto su propia vida. De este modelo inhumano que diariamente despoja cientos de familias de sus casas, también hacen parte desarrollos urbanos formales que niegan el derecho a la ciudad obligando a familias humildes, a habitar en los extremos de las urbes; en más ocasiones de las que uno pudiera imaginar el mercado inmobiliario ofrece viviendas con áreas mucho menores a 36 m2.

Debemos confrontar este modelo con argumentos, con ideas, con organización y movilización, de allí la necesidad de fortalecer los espacios de coordinación a nivel local y la creación de escenarios a nivel nacional que permitan la expresión de todas las voces y en sano debate se construya desde las bases propuestas alternativas y populares que tengan como principal objetivo la vivienda digna como un derecho y no como un negocio.

La discusión necesariamente debe ubicarse en la lucha por el territorio, tema fundamental toda vez que el soporte de la vivienda es el suelo y que los intereses sobre su renta han determinado el ordenamiento del territorio tanto urbano como rural, a lo largo y ancho del país. La discusión gira en torno al territorio en tanto que la vivienda no se reduce a muros y techos, tiene que ver con los tejidos sociales, con las dinámicas territoriales, con la gratuidad de los servicios públicos, con el acceso a la salud, con la soberanía alimentaria, con el trabajo digno, en resumen con “el buen vivir”. 

El modelo de ciudad y el ordenamiento territorial deben ser un objetivo de construcción programática en el movimiento social, se reclama a gritos una política urbana de los sectores populares que busque reformas integrales a la ciudad colombiana que como espacio físico construido, ha materializado una sociedad profundamente desigual, en ellas vagan cual almas en pena cinco millones de desplazados, solamente en Bogotá esta población ronda las 800.000 personas y comprende el número de habitantes de una localidad entera como Ciudad Bolívar o dos veces la población de una ciudad intermedia como Ibague, 1 de cada 10 personas en Bogotá han sido víctimas del desplazamiento forzado por el conflicto armado, contando el desplazamiento intraurbano la situación es dantesca.

Reconocer las realidades de nuestro país nos acerca de nuevo a la bandera de la paz con justicia social, ella implica entonces un cese al fuego, pero no solamente un silencio de los fusiles de parte y parte; sino el silencio de las demás armas que durante años han apuntado contra el pueblo colombiano. Armas que como la usura bancaria, a través del crédito hipotecario, deja cada día a cientos de familias sin techo.

Somos movimiento social y como tal tenemos la responsabilidad histórica de silenciar las armas que apuntan contra nosotros, las acallaremos con nuestros gritos de unidad en calles y plazas con debate, crítica y sobre todo con propuesta. Adelante la unidad del valeroso pueblo que se ha puesto en marcha por la paz con justicia social!